lunes, 12 de enero de 2015

Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán.


El Gran Capitán y Granada. En el 500 aniversario de su fallecimiento.

"Tras los pasos del Gran Capitán".
Pablo Rodríguez. El IDEAL de Granada.


Granada, como último acomodo del héroe, honrará su memoria con una serie de conferencias que detallarán aspectos interesantes de su carrera. Profesores de la Universidad explicarán su papel como renovador de los ejércitos nacionales, su participación en batallas y asedios como el Montefrío o Loja, y los años finales de su vida, entre otras cosas. Serán conferencias que se alargarán desde el 10 de febrero hasta el 11 de junio, tal y como anunció recientemente el Ayuntamiento. Mientras tanto, a la espera del comienzo de las charlas, queda todo un legado de rincones que recuerdan el paso del Gran Capitán por Granada. Son cinco lugares clave en su vida, espacios que pueden ser visitados y en los que Fernández de Córdoba demostró su habilidad como soldado y su lealtad a la Corona.
     Castillo de Montefrío.
Aunque apenas permanecen unos muros en pie, la altura de los restos dan cuenta aún hoy de la gesta que aquel 26 de junio de 1486 se vivió en la localidad. Las tropas reales, entre las que se encontraba Gonzalo Fernández de Córdoba, intentaban entonces deshacer el cerrojo defensivo del reino Nazarí en su frontera norte. La conquista de Moclín, uno de los bastiones de la zona, determinó a la élite militar cercenar todos los castillos que quedaban en poder de la Corona granadina.
Uno de los más importantes era Montefrío. Las tropas alcanzaron la fortaleza el día 20 de junio y al día siguiente se inició un asedio que se resolvería muy rápidamente. El 21 se inició la tala alrededor del castillo, un paso previo al comienzo del asalto. Durante varios días, los ejércitos reales lanzaron varios asaltos con escaso resultado. Finalmente, Gonzalo Fernández de Córdoba se decidió a colocarse al frente de la soldadesca y, tras conminarlo a honrar los deseos de los Reyes Católicos, escaló los muros y se enfrentó personalmente a los defensores, que capitularon sin más demora.
La conquista de la localidad y los cambios provocados en las primeras dos centurias de gestión española determinaron la desaparición de aquella formidable fortaleza. Apenas restan pequeños lienzos de muralla. Sin embargo, la visita a la Alcazaba de Montefrío sigue siendo imprescindible para todos los amantes de la historia por su paisaje y por su condición de escenario de uno de los episodios más vibrantes de la vida del Gran Capitán.
     Alcazaba de Loja.
Loja es una de las ciudades más íntimamente ligadas al Gran Capitán. El héroe militar fue clave en la toma de su fortaleza, un bastión que funcionaba como cerrojo de Granada en su límite occidental. Pero más allá de lo sucedido en 1486, Fernández de Córdoba ejerció como alcaide de la localidad hasta sus últimos días.
 El último año de vida del Gran Capitán fue ensombrecido por la vigilancia a la que el rey Fernando le sometió. Su salida de Nápoles tras el triste episodio de las cuentas y fruto de las envidias cortesanas llevó de vuelta al héroe a sus ciudades. En Loja aguardó durante un tiempo, mientras en la Corte el rey era informado de las supuestas pretensiones de Fernández de Córdoba de regresar a Nápoles y alzarse con el reino al completo. Tal y como desvela el profesor Antonio López Ruiz en su artículo 'Una misión confidencial del alcaide de La Peza: impedir la huida a Italia del Gran Capitán', el héroe habría diseñado una estrategia para escapar de la Península y volver a Nápoles, un lugar en el que mantenía muchos apoyos. Preveía una ruta que conectaba Loja con Castell de Ferro a través de Archidona y Málaga, donde dos barcos lo llevarían hasta Italia. Sin embargo, los espías de la Corona, dirigidos por el alcaide de La Peza, no fueron capaces de revelar más movimientos de Fernández de Córdoba que los realizados hasta Archidona, viajes que podrían deberse a su papel como gestor de las tierras de Loja y alrededores. Tampoco encontraron rastro de los dos barcos que debían aguardar al militar.
Nunca se sabrá a ciencia cierta si la estrategia fue real o una nueva invención de los innumerables enemigos que el Gran Capitán tenía en la corte, pero lo cierto es que el héroe pasó muchos meses de aquel 1515 definitivo en Loja. La ciudad fue una de las últimas que pisó antes de fallecer, una vecindad que solo abandonó a finales de noviembre para alcanzar Granada, donde expiraría el 2 de diciembre de aquel año.
Altar Mayor del Monasterio S. Jerónimo

     La Madraza.
El Palacio de la Madraza que hoy pertenece felizmente a la Universidad de Granada fue testigo de los primeros pasos del cabildo municipal de la ciudad. En sus salas se reunieron los caballeros 24, antecedente de los actuales concejales, durante siglos. Entre ellos se contaba a Gonzalo Fernández de Córdoba, un dato que ha pasado desconocido durante mucho tiempo y que recordara el profesor José Antonio López Nevot, catedrático de Historia del Derecho de la UGR, durante la conferencia inaugural de las I Jornadas dedicadas a la Toma de Granada en 2011.
El héroe fue nombrado caballero 24 de Granada por el rey Fernando en persona, un puesto que sin embargo apenas ejerció dado su papel al frente de las tropas reales en Nápoles en los años siguientes a la conquista granadina. Esto provocó una tirante relación con el Cabildo, que se negó a pagar las dietas al héroe debido a su prolongada ausencia.
Hoy de aquella Madraza que gestionó la capital nazarí no resta nada. Siglos después el Consistorio se trasladó a la Plaza del Carmen, donde hoy en día sigue rigiendo los destinos de la ciudad. Pese a esto, la visita por este punto granadino sigue siendo obligatorio para todos como punto relacionado con la vida del Gran Capitán.
     Plaza de las Descalzas.
En el límite occidental del Realejo se abre la recoleta plaza de las Descalzas. Allí se alzan dos edificios relacionados directamente con los últimos instantes de Gonzalo Fernández de Córdoba. Anexo al templo del Convento de las Descalzas estuvo la última casa que habitó el héroe. De aquel hogar resta una hornacina y una lápida que recuerda el paso del Gran Capitán.
Las crónicas recuerdan que a finales de noviembre de aquel 1515 el genio militar era un anciano aquejado de una gravísima enfermedad. Impedido para gestionar los designios de Loja y previendo el final de sus días, Fernández de Córdoba alcanzó Granada con la intención de morir en la ciudad de sus sueños. Los últimos días los pasó en su hogar, en la plaza de las Descalzas, donde realizó testamento el 30 de noviembre. Solo dos jornadas después, el 2 de diciembre, expiró. Las exequias en memoria del gran genio militar se celebraron inmediatamente. Su cuerpo fue honrado durante nueve días en la Casa Grande de San Francisco, un convento que se situaba también en la actual plaza de las Descalzas, donde se alza hoy en día el MADOC. Allí descansó durante los años en que finalizaban las obras del que sería su lugar de reposo eterno.
     Monasterio de San Jerónimo.
Las calles Duquesa y Gran Capitán que rodean el Monasterio de San Jerónimo dan pistas sobre la relación del lugar con Gonzalo Fernández de Córdoba. Este majestuoso templo guarda desde hace siglos los restos del héroe. Su construcción se inició en tiempos de los Reyes Católicos, que trasladaron hasta aquí a la orden jerónima desde su primitivo asentamiento en Santa Fe. Las líneas actuales del templo se deben esencialmente a Diego de Siloé, aunque también trabajaron en la obra genios de la talla de Jacobo Florentino, Juan de Aragón, Juan Bautista Vázquez el Mozo, Pedro de Orea y Pablo de Rojas.
En 1522, una vez acondicionado el templo, fue cuando se trasladaron los restos de Gonzalo Fernández de Córdoba hasta el monasterio. Hoy reposan bajo el altar mayor de la iglesia, donde una lápida recuerda este importante hecho.



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